Foto: ironmanixs
Hace unos años alguien tuvo la oportunidad de vivir en Leiden, una agradable ciudad holandesa, a mitad de camino entre La Haya y Amsterdam. Sus fiestas se celebran entorno al 3 de octubre, y conmemoran que ese día, en 1574, echaron a los españoles.
Y no es para menos. El ejército español venía de Harlem, donde realizó una gran matanza que terminó con todos los sobrevivientes de la ciudad, y ahora asediaba Leiden. La ciudad resistía pero el hambre aumentaba. Cuenta la leyenda, que el alcalde de la ciudad, Pieter Adriaanszoon van der Werff, se ofreció a que se lo comieran vivo, para paliar esa escasez absoluta. Aún hay una estatua en su honor en la ciudad.
Al final, los holandeses vencieron de la forma mejor que saben ellos: utilizando el agua y adaptándola a sus necesidades. Concretamente, rompieron unos diques, la ciudad se inundó, los españoles huyeron, y pudieron entrar comidas con barcas. Eso fue el 3 de octubre de 1974, y desde entonces y hasta nuestros días, ese día los habitantes de la ciudad comen Hutspot, un guiso hecho con patata, carne y zanahoria, que los españoles abandonaron en sus ollas al huir, y que fue el primer alimento que encontraron tras el asedio.
Esta proeza militar recibió su recompensa en forma de universidad, y en 1575 se funda la prestigiosa Universidad de Leiden.
En la actualidad las fiestas duran varios días, y muchos españoles que viven allí participan en ellas alegremente. Se instala una feria en la zona más céntrica y se puede comprar comida y bebida en numerosos puestos (recuerdo con nostalgia unos buñuelos riquísimos); diferentes coros actúan en las calles o incluso en barcos sobre los canales, desde primera hora de la mañana, hasta llegada la noche y un desfile recorre las principales calles, y doy fe de ello, aunque este cayendo el diluvio universal.
Quizás lo que más le sorprendió, fue que tras escuchar un coro cantando sobre el canal a las 7 u 8 de la mañana, la gente hacía cola para coger haring, o arenques crudos, comida muy típica en Holanda. Ha dicho, que hizo fielmente cola, le dieron los arenques, volvieron a hacer cola bajo la lluvia para que nos los limpiaran, fuieron a casa y los prepararon crudos con cebollita picada... y después, como buenos españoles, decidieron dejarlos y hacer un buen chocolate para desayunar.
author: Alberto # via: bligter.com